Cuentos de terror El jinete perdido


Un jinete llevaba extraviado más de catorce horas. Su brújula estaba descompuesta y como no había ninguna estrella en el cielo, le era imposible seguir una línea recta.

El agua ya se le había terminado y su caballo ya no podía galopar más. De pronto, levantó la vista pues le pareció ver luz en una cabaña que estaba a unos pocos metros de él.

– Si estuviera en un desierto, creería que esto es un espejismo, pero como no es así, me alegro de haber encontrado a alguien en estas tierras inhóspitas.

A medida que se fue acercando, pudo ver que las luces de aquella casa de campo estaban apagadas. Sin embargo, vio con alegría que un hombre estaba sentado en el porche tocando una armónica.

La melodía era algo lúgubre, pues sus notas evocaban a cuentos de terror. El jinete bajo de su corcel y al acercarse al sujeto le dijo:

– Disculpe que lo moleste buen hombre. Me he perdido y tengo muchísima sed. ¿Usted me podría regalar un vaso con agua por favor?

El dueño de la cabaña miró fijamente al forastero. Sus ojos eran de color gris claro y su rostro estaba lleno de arrugas.

– Aquí no tenemos agua. Pero no te preocupes, pronto te llevaré a un lugar en donde zacearás tu sed. Acompáñame a la parte trasera, creo que me queda algo de leche.

– Sí, claro. No tiene que ser agua. Me expresé mal, lo que quiero es un poco de líquido, para mí y para el pobre caballo.

El hombre entró a un cuartito y sacó una garrafa llena de lo que parecía ser leche. El jinete tomó el ánfora entre sus manos y comenzó a beber. Súbitamente sintió un fuerte dolor en la garganta y vio cómo su cuello se llenaba de sangre.

El dueño de la cabaña le había cortado el gallote, pues el ermitaño temía que un forastero se fuera a apropiar de su territorio.